La Talasofobia, la tanofobia, la amatofobia o la amaxofobia, aunque lo puedan parecer, no son recetas que formen parte de un sofisticadísimo menú de Ferrán Adriá, se trata de fobias veraniegas frecuentes. La talasofobia es el miedo, por supuesto irracional a lo que esconden las grandes masas de agua que sufren algunas personas. La tanofobia es el miedo desproporcionado al sol y a los daños que pueda ocasionar. La amatofobia es el miedo a la arena de la playa y por último, la amaxofobia es el miedo a conducir.
Hemos decidido escribir este contenido porque, por muy cómicas que puedan parecer algunas de estas fobias, causan problemas muy serios a los pacientes que las padecen.
Como psicólogos en Alcalá de Henares, vamos a intentar arrojar algo de luz sobre esta cuestión porque, tienes que tener muy claro que no se nace con tal o cual fobia. Lo más habitual es que sea un proceso adquirido en virtud de una vivencia negativa.
¡Qué daño ha hecho Tiburón!
O mejor dicho, el cartel de la película “TIBURÓN” Es icónico ¿Verdad? Bueno, pues son muchas las personas que tienen miedo a bañarse en la playa por temor a que aparezca un tiburón y se las coma. Y puedes pensar; “Bueno, en determinado mares exóticos hay tiburones, tiene cierto sentido”. Vale, pero, si te digo que determinados pacientes tienen miedo a que se los coma un tiburón mientras se bañan en la piscina, seguro que ya no le encuentras sentido.
Pues esto ocurre. De hecho, multitud de estudios realizados en EEUU después del estreno de la película demostraron que la asistencia a la playas sufrió descensos durante los 5 años posteriores a su estreno. Las sucesivas secuelas tampoco ayudaron, la verdad.
Llegados a este punto es importante destacar que las fobias tienen un componente irracional. Se trata de miedos desproporcionados llegan a paralizar al paciente e incluso mermar la calidad de su vida social.
Algunas fobias veraniegas frecuentes están socialmente aceptadas.
El miedo a volar, el miedo a las alturas y el miedo a los perros, podrían estar en el top 5 de cualquier lista de fobias veraniegas frecuentes junto con el miedo a hablar en público y el miedo al dentista.
Vamos a ver un ejemplo real de este tipo de fobias. El miedo a volar. La persona en cuestión, cuando era pequeño vio una de tantas películas de catástrofes aéreas en las que para colmo, mientras los supervivientes eran rescatados, tenían que recurrir al canibalismo para sobrevivir. Y a la película, absolutamente inadecuada para un niño, hay que añadir un comentario materno posterior “bien intencionado”.
“Esto ocurrió de verdad, es una historia real”. Bueno, sin proponerlo se ha creado un conflicto a un niño que va a perdurar hasta la edad adulta.
Otro ejemplo; una mujer con miedo a los perros. En este caso, la vivencia negativa se inicia también en la infancia. Mientras jugaba en el parque con una pelota, un perrito acostumbrado a su vez a que sus dueños jugasen con él con una pelota, quiso jugar con la niña y corrió detrás de ella. A su vez, la niña pensó que el perro la quería atacar y corrió, y el perro más y al final se cayó, se hizo una herida, sangre, terror, drama, etc. Todos los ingredientes necesarios para cocinar la fobia perfecta.

ÉLICE PSICOLOGÍA
Fobias Vacacionales frecuentes
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¿Cómo enfrentarnos a estas fobias veraniegas frecuentes?
Tenemos 2 opciones en función de la gravedad del problema: La información y la ayuda profesional.
Ponemos un ejemplo cercano. Varón de 53 años con fobia a volar que hizo Madrid–Köln en coche mientras su familia viajaba en avión. Perdió 3 días de vacaciones solo en viajes y dejó de disfrutar con su familia por no volar.
Unas sencillas charlas con un Ingeniero Aeronáutico sirvieron para que ese miedo irracional empezase a disiparse. Nunca va a hacer vuelo acrobático, pero ya utiliza el avión comercial en sus desplazamientos vacacionales.
Después, ya en el gabinete de psicología y con la terapia individual, la persona se dota de herramientas que le permiten ir avanzando paulatinamente y aprendiendo a combatir o a convivir con sus fobias.


